Maestro y Sociedad e-ISSN 1815-4867
Volumen 22 Número 4 Año 2025
Artículo original
José Martí en las escuelas públicas de Santiago de Cuba 1899-1922
José Martí in the public schools of Santiago from Cuba 1899-1922
José Martí nas escolas públicas de Santiago de Cuba 1899-1922
Dr. C. Yamil Sánchez Castellanos 1, https://orcid.org/0000-0003-2289-6277
Dr. C. Daineris Mancebo Céspedes 2*, https://orcid.org/0000-0001-9669-0660
Dr. C. Angel Luis Cintra Lugones 3, https://orcid.org/0000-0002-2967-6894
1 y 2 Universidad de Ciencias Informáticas, Cuba
3 Universidad de Oriente, Cuba
*Autor para correspondencia. email ysanchezc@uci.cu
Para citar este artículo: Sánchez Castellanos, Y., Mancebo Céspedes, D. y Cintra Lugones, A. L. (2025). José Martí en las escuelas públicas de Santiago de Cuba 1899-1922. Maestro y Sociedad, 22(4), 4160-4169. https://maestroysociedad.uo.edu.cu
RESUMEN
Introducción: Este trabajo analiza el tratamiento otorgado a la figura de José Martí en las escuelas públicas de Santiago de Cuba entre 1899 y 1922, un aspecto poco estudiado dentro de la historia de la recepción martiana a nivel local. El período abarca desde la primera ocupación militar estadounidense hasta la ley de 1922 que oficializó el culto al Apóstol. Partiendo del problema de cómo se manifestaron las expresiones de dicho tratamiento en el sector educacional público santiaguero, el objetivo fue analizar dicho proceso en su contexto histórico específico. Materiales y métodos: La investigación se fundamentó en un análisis crítico de fuentes hemerográficas (periódicos locales como El Cubano Libre y La Independencia) y documentales del Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba (fondos de Actas Capitulares, Gobierno Municipal y Provincial). Se emplearon métodos teóricos como el histórico-lógico, para estudiar el proceso en su cronología y coyunturas; el análisis-síntesis, para identificar regularidades; y el hermenéutico, para la interpretación de los documentos. Resultados: Se constató que, a pesar del contexto de ocupación y neocolonia, el magisterio público santiaguero fue un espacio clave para la defensa de los valores independentistas y nacionalistas, con José Martí como figura central. Esto se manifestó en la participación activa de estudiantes y maestros en peregrinaciones y actos cívicos ante su tumba en el cementerio de Santa Ifigenia, en la labor de asociaciones como las "Admiradoras de Martí" y la "Comisión Pro-Martí" (integrada por maestras del colegio Spencer), y en la creación de símbolos como un busto y un himno escolar dedicado al Héroe. Discusión: Los resultados confirman que, antes de su oficialización en 1922, ya existía un culto popular y escolar a Martí en Santiago, impulsado principalmente por maestros que actuaron como agentes transmisores de una conciencia cívico-patriótica. Este "uso público" de la historia y la figura martiana sirvió para formar una ideología nacionalista en las nuevas generaciones, aunque posteriormente los actos oficiales, como los desfiles del 28 de enero, tenderían a vaciarse de su esencia original. Conclusiones: La personalidad y legado de José Martí fueron fundamentales en la formación patriótica de los educandos santiagueros durante las primeras décadas republicanas.
Palabras clave: José Martí, escuelas públicas, Santiago de Cuba, República neocolonial.
Abstract
Introduction: This paper analyzes the treatment of José Martí in the public schools of Santiago de Cuba between 1899 and 1922, a little-studied aspect within the history of Martí's reception at the local level. The period spans from the first U.S. military occupation to the 1922 law that officially recognized the veneration of the Apostle. Starting from the problem of how this treatment manifested itself in the public education sector of Santiago, the objective was to analyze this process within its specific historical context. Materials and methods: The research was based on a critical analysis of newspaper sources (local newspapers such as El Cubano Libre and La Independencia) and documents from the Provincial Historical Archive of Santiago de Cuba (collections of City Council, Municipal, and Provincial Government minutes). Theoretical methods were employed, such as the historical-logical method, to study the process in its chronology and contexts; analysis-synthesis, to identify patterns; and hermeneutics, for the interpretation of the documents. Results: It was found that, despite the context of occupation and neocolonialism, the public school system in Santiago was a key space for the defense of independence and nationalist values, with José Martí as a central figure. This was manifested in the active participation of students and teachers in pilgrimages and civic events at his tomb in the Santa Ifigenia Cemetery, in the work of associations such as the "Admirers of Martí" and the "Pro-Martí Commission" (made up of teachers from the Spencer School), and in the creation of symbols such as a bust and a school anthem dedicated to the Hero. Discussion: The results confirm that, before its official recognition in 1922, a popular and school-based devotion to Martí already existed in Santiago, driven mainly by teachers who acted as agents for transmitting a civic-patriotic consciousness. This "public use" of history and Martí's figure served to shape a nationalist ideology in new generations, although later official events, such as the January 28th parades, tended to lose their original essence. Conclusions: The personality and legacy of José Martí were fundamental in the patriotic formation of Santiago de Cuba students during the first decades of the Republic.
Keywords: José Martí, public schools, Santiago de Cuba, neocolonial republic.
Resumo
Introdução: Este artigo analisa o tratamento dado a José Martí nas escolas públicas de Santiago de Cuba entre 1899 e 1922, um aspecto pouco estudado na história da recepção de Martí em nível local. O período abrange desde a primeira ocupação militar estadunidense até a lei de 1922 que reconheceu oficialmente a veneração do Apóstolo. Partindo da questão de como esse tratamento se manifestou no setor de educação pública de Santiago, o objetivo foi analisar esse processo dentro de seu contexto histórico específico. Materiais e métodos: A pesquisa baseou-se em uma análise crítica de fontes jornalísticas (jornais locais como El Cubano Libre e La Independencia) e documentos do Arquivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba (coleções de atas da Câmara Municipal e do Governo Provincial). Foram empregados métodos teóricos, como o método histórico-lógico, para estudar o processo em sua cronologia e contextos; a análise-síntese, para identificar padrões; e a hermenêutica, para a interpretação dos documentos. Resultados: Constatou-se que, apesar do contexto de ocupação e neocolonialismo, o sistema de ensino público de Santiago era um espaço fundamental para a defesa da independência e dos valores nacionalistas, tendo José Martí como figura central. Isso se manifestou na participação ativa de alunos e professores em peregrinações e eventos cívicos em seu túmulo no Cemitério de Santa Ifigenia, no trabalho de associações como os "Admiradores de Martí" e a "Comissão Pró-Martí" (composta por professores da Escola Spencer) e na criação de símbolos como um busto e um hino escolar dedicados ao Herói. Discussão: Os resultados confirmam que, antes do reconhecimento oficial em 1922, já existia em Santiago uma devoção popular e escolar a Martí, impulsionada principalmente por professores que atuavam como agentes de transmissão de uma consciência cívico-patriótica. Esse "uso público" da história e da figura de Martí serviu para moldar uma ideologia nacionalista nas novas gerações, embora eventos oficiais posteriores, como os desfiles de 28 de janeiro, tenham tendido a perder sua essência original. Conclusões: A personalidade e o legado de José Martí foram fundamentais na formação patriótica dos estudantes de Santiago de Cuba durante as primeiras décadas da República.
Palavras-chave: José Martí, escolas públicas, Santiago de Cuba, república neocolonial.
Recibido: 21/7/2025 Aprobado: 4/9/2025
Introducción
Para Cuba el nombre Martí es un referente continuo de la nación, no obstante, esta condición fundacional tuvo diversos matices y coyunturas históricas que bien merecen un acercamiento detallado. En esta ocasión, por razones naturales de espacio y tiempo, resulta imposible abordar el proceso en toda su dimensión. Incluso existe hasta una línea de investigación dentro de los estudios martianos cuyo objeto de trabajo es precisamente evaluar la trascendencia del legado y la personalidad martianas. En esta investigación se estudia el tratamiento ofrecido al Apóstol en el sector educacional público santiaguero entre 1899 y 1922. Un período enmarcado en el inicio de la ocupación militar estadounidense con todas sus implicaciones en el ámbito nacional y en la educación de manera particular, y uno de los momentos trascendentales en la historia de la recepción martiana en Cuba, 1922 cuando se aprueba por el Congreso de la República y sancionada por el presidente de la nación una Ley que marca la consumación definitiva del culto oficial a José Martí.
Los estudios más importantes que aportan a la historia de la recepción de Martí poco se adentran en lo ocurrido en la educación pública en la neocolonia (Lizaso, T-I, 1953, pp. 294-330), (Ette, 1995), (Anuario del CEM, 1997), (Iglesia, 1998, pp.), (Escalona, 2007, pp. 30-41), (Escalona, 2010, a pp. 158-173), (Escalona, 2010 b). Hasta donde hemos indagado solo de alguna forma más concreta tratan el asunto los investigadores Marial Iglesias en su obra Las metáforas del cambio en la vida cotidiana: Cuba 1898-1902, y Yoel Cordoví en Magisterio y nacionalismo en las escuelas públicas de Cuba (1899-1920) quien de manera general corrobora la importancia del legado independentista, sobre todo sus más importantes figuras, entre ellas, la más recurrente, José Martí, en la formación en los educandos de una conciencia ciudadana; sustentada en una ideología nacionalista, cuyos principales agentes trasmisores serían los maestros de certificado, en estrecha interrelación con las variadas coyunturas políticas y sociales de esos años. “Fueron estos maestros los agentes encargados de crear sentimientos cívicos-patrióticos, tanto en las aulas primarias como en la comunidad, sobre la base del legado del independentismo.” (Cordoví, 2012, p. 4)
Un estudio, monográfico sobre el tratamiento a la figura del Apóstol en las escuelas públicas, nos lo ofrece el propio investigador, con el artículo “José Martí en las escuelas públicas de Cuba a inicios de la república, 1899-1920” en el que afirma que: “Fue sin dudas José Martí el que más trascendió en el ámbito escolar desde la primera ocupación militar. Más que los textos martianos durante ese período, lo que llegaba a la escuela era el significado de una figura calificada de padre fundador y apóstol. La imagen de Martí solía hallarse en los planteles escolares, aún en los más recónditos rincones de la Isla, en paredes de madera, casi vencidas por el tiempo, al fondo, a la izquierda, como divisando al maestro pobre que con su ropa raída era el centro de la miríada de niños sin zapatos que esperaban con júbilo el momento de quedar para la posteridad” (Cordoví, 2010, p. 189)
Aun cuando en la historiografía santiaguera se inscriben varios estudios sobre la historia de la recepción martiana, al referirse al tratamiento ofrecido al Maestro en las escuelas públicas durante el período neocolonial, lo hacen de manera muy general y sin lograr una adecuada sistematización del proceso en su conjunto. Entre los principales autores se encuentran (Escalona, 2009, pp. 55-60), (Escalona, 2011a, pp. 191-209) (Escalona, 2011b, pp. 171-188) (Rodríguez y Sánchez, 2008), y (Castro, 2010, pp. 123-139). En esta investigación se pretende analizar el tratamiento ofrecido al Apóstol en el sector educacional público santiaguero entre 1899 y 1922, y dar respuesta al problema científico ¿Cómo se manifestaron las expresiones del tratamiento otorgado a José Martí dentro del sector educacional público santiaguero de 1899-1922?
MATERIALES Y MÉTODOS
La investigación se fundamenta a partir de la información registrada en fuentes hemerográficas esencialmente las colecciones de periódicos locales como El Cubano Libre, La Independencia, El Diario de Cuba y otros atesoradas en la Sala de Fondos Raros y Valiosos de la Biblioteca Provincial de Santiago de Cuba Elvira Cape, la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí, en la biblioteca del Instituto de Literatura y Lingüística José Antonio Portuondo Baldor. En la misma medida aportaron las documentales atesoradas en el Archivo Histórico Provincial de Santiago de Cuba (AHPSC), sobre todo de los fondos Actas Capitulares, Gobierno Municipal y Gobierno Provincial.
Por otra parte, se emplearon métodos de investigación del nivel teórico como el histórico-lógico, que facilitó el estudio del comportamiento de los usos otorgados al ideario y la personalidad de Martí en las escuelas públicas santiagueras según la especificidad de las coyunturas políticas, culturales y sociales del período, y la interpretación de manera cronológica y con una concepción dialéctica de dicho proceso. El análisis-síntesis proporcionó los instrumentos necesarios para una mayor comprensión del tratamiento ofrecido al Apóstol en la escuela pública de la localidad santiaguera entre 1899 y 1922 que, como objeto de estudio, nos permitió delimitar las regularidades y rupturas dentro de las expresiones de su desarrollo. El de deducción-inducción posibilitó dirigir el análisis desde aspectos generales de la Historia local y nacional, hacia las evidencias de los usos ofrecidos a José Martí en el sector educacional público. El método hermenéutico permitió el análisis e interpretación de los diferentes documentos y textos empleados, atendiendo en lo fundamental a las particularidades del lenguaje, la escritura y la caligrafía de la época.
RESULTADOS
A pesar de la compleja coyuntura política que implicaba para Cuba el período de la ocupación militar estadounidense 1899-1902, con varias maniobras de los ocupantes para minar las bases del sentimiento nacionalista cubano desde diversas aristas de la vida cotidiana y también desde las estructuras de poder, prevaleció una marcada tendencia al rescate de los valores del independentismo y que tuvo como una de sus principales expresiones lo acontecido dentro del magisterio público. Un espacio de constante reproducción de los valores independentistas que al mismo tiempo se articulaba con el itinerario de mausoleos, calles, plazas, estatuas devenidas en un circuito patriótico que movilizó a los hombres y mujeres hasta de los sitios más recónditos de la isla en el afán de rescatar las epopeyas y los héroes de sus respectivas localidades. Como bien expresa el investigador Yoel Cordoví “Los niños de las escuelas primarias públicas, e incluso privadas, no quedaron al margen de ese sentimiento: formaron parte de él y contribuyeron a su plena expresión.” (Cordoví, 2012, p. 69) Desde una óptica generalizadora, que bien podemos enriquecer a partir del análisis del comportamiento de este proceso en la localidad santiaguera.
Como se ha afirmado por la historiografía al iniciarse la ocupación militar el más importante referente del reservorio patriótico nacionalista sería precisamente José Martí. Así quedó evidenciado con los resultados de la encuesta realizada por la revista El Fígaro en 1899; de igual forma, según Marial Iglesias los próceres de las epopeyas independentistas más mencionados en canciones y décimas recopilados en los cancioneros El Tiple Cubano de 1901 y La Nueva Lira Criolla de 1903 son por orden José Martí, Maceo y Máximo Gómez. (Iglesias, 2010, p. 191)
Los primeros indicios del sentimiento hacia el Apóstol en Santiago de Cuba estarán condicionados primero por la acendrada tradición patriótica de la localidad y el hecho de que en ella descansan los restos mortales del héroe. De hecho, su tumba sería un sitio de obligada visita y destino de peregrinaciones populares en las que los niños y niñas de las escuelas primarias públicas y también privadas ocuparían un papel preponderante. De tal suerte, los actos cívicos patrióticos se convirtieron en el principal escenario público donde los educandos podrían mostrar su respeto y admiración por el Apóstol de la independencia y otros próceres del panteón independentista. Una de las primeras evidencias se reflejó con el surgimiento de la sociedad Admiradoras de Martí. Fundada en febrero de 1899 e integrada por un grupo de mujeres santiagueras entre ellas Brígida Portuondo de Mancebo, Emiliana Bravo, Simona Carrión y Emiliana y Manuela Boza, quienes participaban en todos los actos patrióticos conmemorados en la ciudad y mantendrían en la tumba del Apóstol un ramo de flores y una bandera, como bien anhelaba desde uno de sus Versos sencillos. (López y Morales, 1999, pp. 71-72)
La trascendente actividad cívico-patriótica de las Admiradoras de Martí se evidencia desde el propio 19 de mayo de 1899 cuando encabezaban el homenaje popular al Maestro mediante una peregrinación del parque Crombet hasta el cementerio, en la que participaron importantes personalidades como el alcalde Emilio Bacardí y la patriota María Cabrales, viuda del general Antonio Maceo. En lo adelante se convirtieron en promotoras sistemáticas de todo tipo de acciones e iniciativas de conmemoraciones patrióticas y actos cívicos en la ciudad. En esta dirección, en 1907 veremos una representación de dicha sociedad en la denominada Comisión Restos de Martí, por medio de Brígida Portuondo de Mancebo.
Esta entidad tenía como objetivo fundamental el proceso de construcción de un monumento al Apóstol, conocido como el Templete e inaugurado oficialmente el 7 de diciembre de ese mismo año. En plena intervención extranjera este acto generó un importante movimiento cívico patriótico que incorporó a diversos sectores sociales, del cual por supuesto el magisterio público no estaría al margen. La tumba del Apóstol seguía marcando un punto referencial en el conjunto de acciones de carácter patriótico nacionalista que se desarrollaba en la sociedad santiaguera. La presencia de los educandos de la localidad en el sagrado lugar iba acompañada del ejemplo y la vocación martiana de sus maestros.
Una de las expresiones más representativas del activismo martiano entre las maestras santiagueras fue precisamente el surgimiento de la denominada Comisión Pro-Martí, integrada por un grupo de educadoras del colegio público no. 3 Spencer integrada inicialmente como presidenta Ángeles Ramírez de Martínez; vice, Mercedes Téllez Suárez; tesorera, Caridad Pérez Rosell; vocales, Isabel Masó Moya, Antonia Moyar Mascaró, Cecilia de Moya Rosell, Concepción Ferrer Leyte Vidal y Carmen Cruz Bustillo. (López y Morales, 1999, p.80). Los resultados de las gestiones de éstas tuvieron un impacto social de inmediato en la ciudad y particularmente dentro del sector educacional. Se propusieron no solo el embellecimiento y preservación del sitio donde descasaban los restos mortales del Apóstol, sino también promover diversas actividades conmemorativas martianas y de carácter patriótico en general. El 17 de mayo de 1912 el alcalde municipal les otorgó el permiso oficial para desarrollar sus acciones. Se consideró una cuota mensual para el profesorado y otra mínima de un centavo para los padres de las alumnas del plantel; además de abrir una suscripción popular entre todos los cubanos y extranjeros que quisieran contribuir con su óbolo a tan noble empeño.
En enero de 1913 las integrantes de la Comisión Pro Martí, ante la ocasión de encontrarse en la ciudad el reconocido artista italiano Ugo Luisi, quien participaba en un concurso para la ejecución de un conjunto escultórico conmemorativo, le fue solicitado la construcción de un busto de Martí para ser colocado en El Templete. Esta iniciativa de las maestras del colegio Spencer tuvo una aceptación social y fue seguida por diversos medios de prensa y personalidades del país. Mediante suscripción popular junto a la contribución de algunas instituciones y autoridades, se recolectaron $ 426,68, de los cuales $120,00 fueron entregados a Manfrediz, representante del escultor italiano. El resto del dinero, a través de José Bofill fue dada una parte a Manuel Prieto –marmolista de origen español- para la adquisición de un pedestal y una copa, ambos de mármol, la otra parte le fue entregada a Manuel Aragón para que se ocupara de la verja para el jardín, la construcción de éste por un jardinero francés y la compra de plantas y macetas; así como el piso de mármol que sustituiría el antiguo de ladrillos. (López y Morales, 1999, p.81).
Manuel Rodríguez Fuentes, recién electo gobernador provincial, colaboró con la Comisión Pro-Martí en el arribo del busto del Apóstol al territorio nacional. El nuevo ejecutivo provincial apoyó la iniciativa mediante su gestión para la exención de impuestos de aduana de la valiosa carga, a su entrada al país. (“Un busto de Martí”, en El Cubano Libre, 13 de mayo de 1913, p. 1, y “El busto de Martí”, en El Cubano Libre, 16 de mayo de 1913, p. 1.)
La idea de las maestras del colegio Spencer generó un movimiento popular con la participación de importantes personalidades de la época que mostraban una verdadera admiración por la memoria de José Martí, como Gonzalo de Quesada y Aróstegui, uno de los estudiosos martianos más destacados de esos años, quien decidió donar varios ejemplares del volumen XI de su obra Lo que escribió y habló Martí, los cuales se pusieron a la venta en Enramadas alta 30, donde radicaba el domicilio de la presidenta de la Comisión Pro-Martí, con el fin de que los “cubanos admiradores y devotos del Apóstol Martí” al obtenerlos contribuyeran a la obra de “embellecer el sepulcro que guarda los preciados restos del Maestro”. (“Obras de Martí”, en El Cubano Libre, 9 de mayo de 1913, p. 1.)
El 19 de mayo de 1913 los santiagueros, convocados por la Comisión Pro-Martí, desfilaron desde la ciudad hacia la tumba del Apóstol donde se inauguró el busto concebido por Ugo Luisi. El monumento fue dotado de una moderna decoración basada en la instalación de alumbrado eléctrico, de manera que: “Sobre su busto y el panteón se han colocado dos estrellas de cinco puntas, con bombillos eléctricos”. (“La tumba del Apóstol”, en El Cubano Libre, 17 de mayo de 1913, p. 1.)
Este fue un momento singular en el desarrollo del movimiento cívico pro-martiano en Santiago de Cuba, que tenía en las “Admiradoras de Martí”, una de sus instituciones fundamentales. Su empeño de preservar el lugar donde descansaban los restos del Héroe Nacional cubano y perpetuar su memoria en la localidad, sería retomado por la Comisión Pro-Martí. En ese proceso se imbricaron el sentimiento patriótico de las maestras del colegio Spencer y de otros centros educativos con la gestión de algunos funcionarios públicos y políticos locales que reconocieron la memoria del Maestro.
En tal dirección, se destaca el alcalde Prisciliano Espinosa, quien participó en el acto conmemorativo realizado en la tumba de Martí el 19 de mayo de 1914 organizado por las maestras y niñas del colegio Spencer, junto a otros representantes del Partido Conservador santiaguero como Ambrosio Grillo y Joaquín Navarro Riera, los oradores fundamentales para rememorar la fecha. (“El homenaje a Martí”, en El Cubano Libre, 21 de mayo de 1914, p. 2.) Esta experiencia posibilita señalar un uso significativo de la personalidad y el ideario martianos en el modelo de formación ciudadana de las nuevas generaciones republicanas con un patrón acorde con los intereses y los cánones del poder. Las instituciones educativas poseían la función social de la formación ciudadana y patriótica de las nuevas generaciones republicanas, en la que el “uso público de la historia” tiene un papel predominante. (Cordoví, 2010)
Así lo demostraban las disposiciones oficiales dirigidas a jerarquizar determinadas fechas conmemorativas, como el 10 de octubre, el 24 de Febrero, el 19 de Mayo y posteriormente el 28 de Enero. En Santiago de Cuba se dan expresiones de este proceso, como el estreno del himno escolar Sus flores y su bandera, en el citado homenaje del 19 de mayo, con letra de Joaquín Navarro Riera (Ducazcal) y arreglo musical del maestro Ramón Figueroa Morales, cantado por las niñas de la escuela pública Spencer.
Sus flores y su bandera
Voces principales
Al sepulcro de nuestro Martí
Hoy debemos traer con amor
La bandera y las flores que un día
El patriota en sus versos pidió.
Coro
Gloria por siempre
al redentor
de nuestra patria
del corazón.
Por ella impávido
supo morir
de cara al sol
el gran Martí.
Voces principales
La bandera de Cuba redenta
Tremolemos sobre este panteón
Y con flores de Cuba ofrendemos
A Martí nuestro férvido amor.
Coro
Gloria por siempre
al redentor
de nuestra patria
del corazón.
Por ella impávido
supo morir
de cara al sol
el gran Martí.
De nuevo, en la tarde del 19 de mayo de 1915 sería cantado por las niñas del colegio Spencer, como digno tributo al Apóstol ante su tumba, una reafirmación de un acto cívico patriótico que devendría en tradición escolar para los educandos santiagueros durante el período neocolonial.
En general, las instituciones gubernamentales y los políticos mostraron un comportamiento variable en cuanto a las demandas de la Comisión Pro-Martí. Si bien el Consejo Provincial adoptó el acuerdo, vigente a partir del 1ro. de mayo de 1915, de colocar diariamente un ramo de flores en la tumba del Apóstol, (Forment, 2006, p. 233.) otras iniciativas no correrían con la misma suerte, particularmente la intención de las maestras del colegio Spencer de recabar del gobierno municipal el financiamiento necesario para la construcción de un mausoleo en la tumba del héroe. En la consecución de ese objetivo, se destacó el apoyo ofrecido por Federico Pérez Carbó, quien en 1916 medió ante el Ayuntamiento en su condición de “Presidente del Comité Pro-Martí” solicitando el respaldo de esa institución para recaudar los fondos necesarios para el mausoleo. (Archivo Histórico del Museo Emilio Bacardí (AHMEB), Fondo: Federico Pérez Carbó, Leg. 84, Expte. 4-3171.)
En el empeño se corrobora el patriotismo desinteresado del veterano político, el cual gozaba del reconocimiento indispensable para impulsar la obra. Esta pasó al olvido. Años más tarde, Mercedes Álvarez de Rodón, presidenta de la Comisión Pro-Martí, se quejaba ante el ejecutivo municipal, informándole que todavía esperaba por la aprobación de la Cámara de Representantes de un proyecto de liquidación presentado a esta el 25 de julio de 1915, solicitando un crédito de 15 000 pesos para la edificación de un mausoleo en el cementerio de la ciudad, en sustitución de El Templete, lugar donde se encontraban los restos de Martí.( AHPSC, Fondo: Actas Capitulares, 19 de junio de 1918, Libro 37)
Aunque se desconocen las causas determinantes en el fracaso de este proyecto, al menos podemos señalar la complejidad del contexto en que se generó. El marcado matiz político que caracterizó a las instituciones gubernamentales, especialmente en momentos en que se tejían los planes reeleccionistas del presidente de la República, el general Mario García Menocal, centró la atención de dicha instancia en detrimento de otros intereses de la ciudadanía. En resumen, el Gobierno y sus representantes en la localidad mostraron una actitud oportunista y contradictoria en relación con Martí. Su respaldo y participación en las iniciativas promovidas por la Comisión Pro-Martí, solo se circunscribirían a las opciones más económicas, mientras los proyectos de mayor erogación de fondos serían aplazados o relegados.
Consecuencia directa de la reelección del general Menocal, se produjo la insurrección liberal de febrero de 1917, acontecimiento que trascendió como expresión de las rivalidades partidistas de la época. El alzamiento fue neutralizado por el gobierno. El desenlace de los acontecimientos se debió entre otros factores a la posición de los Estados Unidos de apoyar a Menocal. La decisión fue motivada por la necesidad de que se culminara la zafra azucarera, pues el azúcar cubano era un producto altamente cotizado en el mercado internacional en el contexto de la guerra mundial. Tampoco era conveniente la intervención militar directa en Cuba, pues el Gobierno estadounidense ya preveía su participación en el conflicto bélico europeo, por lo que debía mantener en la Isla un ejecutivo proclive a sus intereses. El aporte de Cuba a los aliados radicaba en la producción ininterrumpida de azúcar y la utilización de sus costas y puertos como bases de aprovisionamiento y otros fines propios de la guerra. El 12 de junio de 1917 la jefatura provincial del Ejército anuncia oficialmente la total pacificación del territorio de Oriente. (Forment: 2006, p. 387)
La trascendencia de lo ocurrido condiciona el discurso de cuestionamiento hacia las prácticas políticas republicanas y su repercusión para la nación; y recurre a Martí como argumento fundamental y solución a la problemática nacional. Sus principales representantes son intelectuales y también maestros, cuyas experiencias transmiten en sus aulas de paredes vetustas, pero siempre con la imagen del Apóstol como paradigma en la formación ciudadana de las nuevas generaciones. Acto, crucial, que muchas veces se soslaya por la historiografía. Pensemos, por ejemplo, en el homenaje del 19 de mayo de 1918, ante la tumba del Maestro, cuando la maestra Mercedes Álvarez de Rodón, entonces presidenta de la Comisión Pro Martí, en su discurso ante un auditorio en su mayoría de niños y niñas de las escuelas santiagueras, advertía: “Ambiciones prosternas rompen la fraternidad cubana y hacen temblar el porvenir de la República […] Las prédicas del Apóstol parecen perderse en el vacío”. (Álvarez de Rodón: 1918, p. 75)
Esta valoración develaba el comportamiento de la política cubana y santiaguera en particular del período posterior a la denominada “Revolución de febrero”. La renuncia de Rafael Manduley a la presidencia del Partido Liberal, su retiro de las contiendas electorales y un nuevo desgajamiento de los liberales al constituirse el Partido Liberal Progresista, son algunos de los sucesos más significativos del panorama político, previo a las elecciones parciales de noviembre de 1918.
Entre los años 1919 y 1921 el desarrollo del antinjerencismo en la nación asumió como uno de sus referentes ideológicos fundamentales el pensamiento y personalidad del Apóstol, que encontraría expresiones concretas en la localidad santiaguera, a partir de la labor de un grupo de avanzada de intelectuales (Entre ellos: Rafael Esténger, Max Henríquez Ureña, Eduardo Abril Amores, Enrique Cazade y Mariblanca Sabas Alomá), e instituciones de carácter cívico-patriótico. Su influencia en el escenario educativo era inminente, en muchas de las iniciativas para rendir homenaje a Martí participaban niños y niñas de las escuelas públicas y privadas, en el coro infantil y/o la poesía evocativa o rememorando los versos martianos.
Resultaban frecuentes las actividades de sociedades como la Columna de Defensa Nacional, que invitaba a las autoridades del gobierno municipal y provincial a participar en la peregrinación popular hacia el cementerio, prevista para el 19 de mayo,( “Institución Patriótica Columna de Defensa Nacional”, en El Combate, 17 de mayo de 1921, p. 2.) y la Juventud Nacionalista de Oriente, constituida en 1921 con el propósito de: “fortificar” el sentimiento nacional cubano, contribuir a la educación cívica del pueblo y a la formación de ciudadanos conscientes, así como a la armonía política y social entre todos los elementos que constituyen el pueblo cubano. Además, proponía colaborar para una mayor difusión de la cultura pública mediante cursos libres similares a los de las universidades populares, conferencias y publicaciones. Su reglamento de estaba fechado en Santiago de Cuba, el 12 de junio de 1921 y firmado por A. Sainz Caula, secretario interino de la Junta Provisional Organizadora, y por el intelectual dominicano Max Henríquez Ureña, presidente interino de la citada Junta. El domicilio provisional radicaba en la casa número 4 de la calle alta de Hartmann. (AHPSC. Fondo: Gobierno Provincial, Materia: Sociedades Cívicas, Leg. 2406, Expte. 3.) Un aspecto que llama la atención en la labor de esta sociedad es el tratamiento ofrecido al Héroe Nacional cubano, quien constituyó uno de sus principales referentes en sus proyecciones nacionalistas y antinjerencistas. Esta organización tendrá su mayor protagonismo en los años subsiguientes.
No es casual el predominio del nombre de José Martí en la toponimia nacionalista que se genera desde el período de la primera ocupación estadounidense en Cuba. (Iglesias: 2010) Desde 1899 el antiguo paseo de Concha en Santiago de Cuba se convirtió en Paseo Martí a propuesta de Emilio Bacardí ante la Asamblea de Vecinos. También desde bien temprano se desarrollaron iniciativas para marcar los sitios vinculados con la vida y trayectoria revolucionaria del Apóstol, junto al homenaje en el cementerio de Santa Ifigenia el 16 de octubre de 1898, recuérdese la manifestación pública hacia su casa natal en el año 1900. (Díaz: 1982 y Caballero: 1988)
De igual forma, la tumba del Apóstol fue sitio de perenne recurrencia de los educandos santiagueros como digno tributo al líder revolucionario. Con un reconocimiento especial a las maestras del colegio Spencer y la labor patriótica de la Comisión Pro-Martí. De tal manera, la Ley de 1922 solo constituía un mecanismo legitimador y oficialista de un proceso social que, en el caso particular de Santiago de Cuba, devino en tradición escolar desde el propio período de la primera ocupación militar estadounidense, aunque naturalmente la fecha de homenaje popular fuera el 19 de mayo, que incluía la peregrinación de los maestros con sus escolares hacia el cementerio de la ciudad.
De tal suerte, los niños santiagueros, luego de promulgada la citada ley, conmemorarían dentro del calendario de fechas patrióticas relacionadas con el Apóstol, primero la parada escolar y fiesta nacional por su natalicio el 28 de enero, mediante reglamentación gubernamental. Mientras la muerte del héroe, más identificable con la memoria colectiva de los habitantes de la localidad, constituía una rememoración con un marcado sentimiento patriótico nacionalista que impregnó de manera espontánea en los santiagueros desde finalizada la gesta emancipadora de 1895, quizás como en ningún otro sitio de la geografía nacional.
Pero el año 1922 marcó un momento significativo en la trayectoria del denominado culto martiano en la escuela cubana. Mediante una Ley presentada en la Cámara de Representantes por Pastor del Río el 15 de junio de 1921, se declaraba fiesta nacional el 28 de enero, y se disponía además que “todos los Municipios pusieran el nombre de José Martí a una de sus calles; dedicaran a la memoria del Apóstol una estatua, busto, obelisco, columna conmemorativa, tarja de bronce o lápida de mármol, y que todos los 28 de enero, a las 8 de la mañana, los niños de todos los colegios de la República, con una flor en el pecho y dirigidos por sus profesores, tributaran una ofrenda de cariño a José Martí, en el lugar señalado para ese homenaje. ” (Lizaso, 1953: pp. 304-305 y Pichardo, 1973: pp. 29-30)
DISCUSIÓN
Aun cuando es lícito la intención de oficializar el homenaje al Apóstol, hay que reconocer que desde mucho antes ya los niños cubanos recordaban al más universal de los cubanos, no solo por medio de la imagen que los acompañaba en sus clases de historia y las enseñanzas de sus maestros patriotas desde el ámbito escolar y extradocente, ya que también desarrollaron acciones más allá de las fronteras de la escuela, sobre todo ante los sitios y monumentos históricos. En general, el maestro de la enseñanza primaria elemental, fundamentalmente pública, devino en un agente transmisor y formador de una conciencia cívico-patriótica en las nuevas generaciones republicanas. Proceso en el cual el uso público y también político de la historia fue una herramienta eficaz, sustentado en una ideología nacionalista derivada del legado independentista del cual, Martí sobresalía como una de sus principales figuras simbólicas.
Las paradas escolares por el natalicio del Maestro en el devenir de la república neocolonial, como espacio público, fueron deteriorándose y perdieron en su esencia el principio martiano de humildad y verdadero servicio a la patria. Casi treinta años después de aprobada la oficialización de estas actividades, Félix Lizaso reconoce que por varios años el desfile escolar tuvo una notable importancia “hasta desnaturalizarse a tal punto, que fue preciso pedir a las autoridades su supresión, sustituyéndolo con algo más propio del espíritu del homenaje que se quería rendir.” Pero en mi opinión el panorama fue mucho más desolador e impactó en el sentido común de este destacado intelectual martiano de la época, quien con profunda conmoción llega a plantear que el desfile escolar del 28 de enero:
Se había convertido en un exhibicionismo que trajo a relucir la rivalidad de las escuelas en lo costoso de los uniformes, las bandas de música, las coronas. La pobreza de la escuela pública se puso en contraste con la ostentación de las escuelas privadas, la sencilla flor que cada niño llevaba al pecho, se sustituyó por la ofrenda floral sin mensaje. La misma tribuna presidencial fue sitial no para los educadores, sino para las autoridades gubernamentales, con el Presidente de la República y el Jefe del Ejército, ministros y militares de alta graduación, que eran los que parecían recibir el homenaje, mientras al otro lado de la glorieta, la estatua de Martí no era punto de referencia para la atención. (Lizaso, 1953, p. 305)
Con una mirada más aguda, nos percatamos que estas valoraciones se sustentan más bien en una experiencia particular de la capital del país, La Habana, donde el punto referencial de los desfiles del 28 de enero era la estatua del Apóstol inaugurada por Máximo Gómez en el Parque Central en 1905. De lo acontecido en Santiago de Cuba, posterior a 1922 en torno a las paradas escolares, aún está por investigarse.
CONCLUSIONES
Pese a las adversidades y desidias del poder, la presencia de la personalidad y el legado martiano fue un aspecto fundamental en la formación cívico-patriótica de los educandos cubanos en las primeras dos décadas de la República burguesa, y de manera particular en las escuelas públicas de Santiago de Cuba, una ciudad cuya memoria histórica estaría estrechamente relacionada con la actividad político-revolucionaria y la existencia misma del Apóstol.
Si bien fueron varias las fechas signadas por las autoridades escolares de la época que instaban al reconocimiento a la figura de José Martí por las escuelas primarias públicas, no todas tuvieron la misma valoración y protagonismo por los responsables de su recordación, lo cual merece ser profundizado a partir de profundizar en un estudio más pormenorizado de las fechas del calendario patriótico cubano a partir de su interpretación en los diferentes contextos históricos.
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Conflicto de intereses
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