Maestro y Sociedad e-ISSN 1815-4867

Volumen 23 Número 1 Año 2026

Artículo original

Actividades sensoriales como estrategia didáctica para la estimulación de la motricidad fina en los niños de 3 a 4 años

Sensory activities as a teaching strategy for the stimulation of fine motor skills in children aged 3 to 4 years

Atividades sensoriais como estratégia de ensino para estimular a motricidade fina em crianças de 3 a 4 anos

Ginger Aracely Estrada Espinoza, ORCID: https://orcid.org/0009-0004-1882-4769

Ana Rosa Macías Cedeño, ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9911-1282

Universidad Técnica de Manabí, UTM. Ecuador

*Autor para correspondencia. email: estrada_ginger25@hotmail.com

Para citar este artículo: Estrada Espinoza, G. y Macías Cedeño, A. (2026). Actividades sensoriales como estrategia didáctica para la estimulación de la motricidad fina en los niños de 3 a 4 años. Maestro y Sociedad, 23(1), 63-71. https://maestroysociedad.uo.edu.cu

RESUMEN

Introducción: Desde el punto de vista teórico el desarrollo infantil y psicomotor, ha sido analizado por autores como Piaget, Vygotsky, Wallon, Montessori, Le Boulch y Fonseca, así como documentos normativos emitidos por el Ministerio de Educación del Ecuador y las Directrices Curriculares Nacionales para la Educación Infantil. Objetivo: Este artículo tiene como objetivo analizar el uso de actividades sensoriales como estrategias didácticas para estimular la motricidad fina en niños de tres y cuatro años de Educación Infantil de la Escuela de Educación Básica Valdivia. Materiales y Métodos: La investigación se caracteriza por ser bibliográfica y aplicada, con un enfoque cualitativo, proponiendo la integración de experiencias sensoriales en la rutina pedagógica diaria de los niños. Resultados: Es evidente que trabajar con texturas, sonidos, colores, temperaturas y materiales variados potencia el desarrollo de la coordinación motriz fina, esencial para el proceso de lectoescritura y la autonomía del niño. Conclusiones: Los resultados indican que las actividades sensoriales, cuando están mediadas por la intencionalidad pedagógica, favorecen no solo el desarrollo motor, sino también el lenguaje, la socialización y la construcción del pensamiento simbólico.

Palabras clave: Educación infantil, actividades sensoriales, motricidad fina.

Abstract

Introduction: From a theoretical perspective, child and psychomotor development has been analyzed by authors such as Piaget, Vygotsky, Wallon, Montessori, Le Boulch, and Fonseca, as well as by regulatory documents issued by the Ministry of Education of Ecuador and the National Curriculum Guidelines for Early Childhood Education. Objective: This article aims to analyze the use of sensory activities as teaching strategies to stimulate fine motor skills in three- and four-year-old children in Early Childhood Education at the Valdivia Basic Education School. Materials and Methods: This research is both bibliographic and applied, with a qualitative approach, proposing the integration of sensory experiences into the children's daily pedagogical routine. Results: It is evident that working with textures, sounds, colors, temperatures, and varied materials enhances the development of fine motor coordination, essential for the literacy process and the child's autonomy. Conclusions: The results indicate that sensory activities, when mediated by pedagogical intent, promote not only motor development, but also language, socialization, and the construction of symbolic thought.

Keywords: Early childhood education, sensory activities, fine motor skills.

RESUMO

Introdução: Do ponto de vista teórico, o desenvolvimento infantil e psicomotor tem sido analisado por autores como Piaget, Vygotsky, Wallon, Montessori, Le Boulch e Fonseca, bem como por documentos normativos emitidos pelo Ministério da Educação do Equador e pelas Diretrizes Curriculares Nacionais para a Educação Infantil. Objetivo: Este artigo visa analisar o uso de atividades sensoriais como estratégias de ensino para estimular a motricidade fina em crianças de três e quatro anos de idade na Educação Infantil da Escola de Educação Básica de Valdivia. Materiais e Métodos: Esta pesquisa é bibliográfica e aplicada, com abordagem qualitativa, propondo a integração de experiências sensoriais na rotina pedagógica diária das crianças. Resultados: Evidencia-se que o trabalho com texturas, sons, cores, temperaturas e materiais variados potencializa o desenvolvimento da coordenação motora fina, essencial para o processo de alfabetização e a autonomia da criança. Conclusões: Os resultados indicam que as atividades sensoriais, quando mediadas por uma intenção pedagógica, promovem não apenas o desenvolvimento motor, mas também a linguagem, a socialização e a construção do pensamento simbólico.

Palavras-chave: Educação infantil, atividades sensoriais, motricidade fina.

Recibido: 15/11/2025 Aprobado: 5/1/2026

Introducción

La primera etapa de la educación básica está constituida por la educación infantil, la cual tiene como finalidad la promoción del desarrollo integral del niño abarcando las dimensiones de lo cognitivo-emocional, físico-motriz y social. Dentro de esas relaciones, la motricidad fina asume un papel fundamental pues en ella convergen todas las dimensiones mencionadas al envolver el control especifico de músculos de las manos y de los dedos junto a habilidades para el toque de objetos lo cual motiva el desarrollo de la escritura, el dibujo y la realización de actividades del día a día.

Las estrategias didáctico-pedagógicas (Cartagena-Beteta et al., 2025) que pueden ser utilizadas por los docentes de educación infantil se destacan las actividades sensoriales que al posibilitar la exploración activa del ambiente desenvuelven aprendizajes significativos al partir de experiencias con diferentes materiales y texturas. Este tipo de experiencia causa un impacto significativo en los niños al ampliar la percepción, coordinación y creatividad.

La construcción de aprendizajes de forma lúdica contribuye directamente en el desarrollo infantil y este, a su vez, se relaciona estrechamente con el medio y las interacciones sociales. Como apunta Piaget (2019), Vygotsky (1998) e Wallon (2000), La acción sensorio-motora es el punto de partida para la formación de estructuras cognitivas. En este sentido, el cuerpo es el principal instrumento de mediación entre el sujeto y el mundo. Por su vez, las actividades sensoriales se convierten en herramientas pedagógicas esenciales para promover un aprendizaje activo y significativo. En este escenario, donde convergen cuerpo, gestos y movimientos, se debe animar a los niños a explorar las posibilidades expresivas, desarrollar la coordinación y usar los gestos intencionalmente.

Por lo tanto, comprender y aplicar actividades sensoriales que estimulen la motricidad fina implica cumplir con las directrices curriculares y promueven, a su vez, una educación infantil integral y humanista.

La observación empírica muestra que, a menudo, la motricidad fina se trabaja en el ámbito de lo mecánico sin considerar la importancia de las experiencias sensoriales y el juego como mediadores del proceso educativo. Es por eso que se plantea la promoción para implementar prácticas pedagógicas que valoren el cuerpo como eje estructurante del desarrollo y el aprendizaje en la primera infancia.

Los enfoques basados en la exploración sensorial permiten fortalecer los circuitos neuronales que vinculan el estímulo táctil y visual con la ejecución motriz fina, especialmente en niños en edad preescolar (Santos y Silveira, 2021). Sin embargo, a pesar de su comprobada efectividad, estas prácticas no son aplicadas de forma sistemática en todas las instituciones educativas.

En Ecuador, El Ministerio de Educación (2022) señala que el 37% de los niños en este nivel presentan rezagos en la coordinación motora fina, especialmente en zonas rurales y marginales. A esto se suma la limitada formación docente en estrategias didácticas sensoriales, lo que genera un vacío metodológico en las prácticas pedagógicas actuales. Esto hace que el desarrollo de la motricidad fina como base fundamental para el desenvolvimiento infantil sea considerado como un eje transversal dentro del currículo de Educación Inicial; no obstante, existen desafíos importantes.

A partir de estos presupuestos surge una cuestión fundamental: ¿Cómo pueden utilizarse las actividades sensoriales como estrategias didácticas para estimular la motricidad fina en niños de 3 y 4 años de Educación Infantil en la Escuela de Educación Básica Valdivia?

El objetivo del artículo es investigar cómo las actividades sensoriales pueden actuar como estrategias didácticas para estimular la motricidad fina en niños de 3 y 4 años en Educación Infantil.

El desarrollo infantil es un proceso continuo e integrado que abarca las dimensiones física, cognitiva, emocional y social. Según Le Boulch (2000), la motricidad fina representa la base del desarrollo humano, ya que es a través del cuerpo que el niño descubre el mundo, experimenta sensaciones, expresa emociones y construye conocimiento.

La motricidad fina, en concreto, se refiere al control de los músculos pequeños de las manos y los dedos, lo que permite la realización de movimientos delicados y coordinados, como sostener objetos, abotonar, cortar, dibujar y escribir. Esta habilidad se adquiere gradualmente, a medida que el niño interactúa con el entorno y tiene oportunidades de manipular diferentes materiales e instrumentos. (FONSECA, 2008)

Según Oliveira (2014), el desarrollo motor está fuertemente influenciado por las experiencias sensoriomotoras vividas en los primeros años de vida. La falta de estimulación puede comprometer no solo la coordinación, sino también la concentración, la autonomía y el rendimiento en futuras actividades escolares. Por lo tanto, el trabajo pedagógico debe favorecer diversas experiencias corporales que integren la percepción, la acción y el pensamiento. Por lo tanto, en Educación Infantil, es fundamental que el docente ofrezca un entorno rico en estímulos táctiles, visuales, auditivos y cinestésicos, que permita al niño explorar el espacio y los materiales con libertad y creatividad. La manipulación de objetos y la realización de actividades manuales promueven el fortalecimiento de los músculos de la mano, mejorando la motricidad fina y preparando al niño para retos posteriores, como el dominio de la escritura.

El desarrollo de la motricidad fina y las capacidades sensoriales pueden comprenderse a la luz de las principales teorías del desarrollo infantil que se intensificaron desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Jean Piaget (2019), comprendía que el conocimiento se construye a partir de la acción del niño sobre el entorno. En la etapa sensoriomotora (de 0 a 2 años), el niño aprende mediante la manipulación y exploración de objetos, lo que constituye la base del pensamiento simbólico. Incluso después de este período, las acciones motoras y sensoriales siguen siendo esenciales para el aprendizaje, ya que apoyan la construcción de estructuras mentales. La actividad sensorial, por lo tanto, es un componente esencial en la formación de la inteligencia práctica y en la coordinación de acciones.

Henri Wallon (2000) destaca la unidad entre emoción, movimiento y cognición. Para el autor, el cuerpo es el primer instrumento de relación con el mundo, y las emociones se expresan a través del movimiento. De esta manera, el desarrollo motor y afectivo son inseparables. Las actividades sensoriales, al implicar placer, descubrimiento y expresión, contribuyen al desarrollo integral del niño, fortaleciendo el vínculo entre cuerpo y mente. Sin embargo, María Montessori (2005) propone una pedagogía basada en la autonomía y la experimentación activa. En su método, el desarrollo sensorial se considera uno de los pilares del aprendizaje, estimulándose mediante materiales estructurados que permiten al niño discriminar tamaños, formas, pesos y texturas. El trabajo manual y el control de movimientos precisos son fundamentales en su propuesta, lo que refuerza la importancia de las actividades sensoriales en el desarrollo de la motricidad fina.

Por fin, Lev Vygotsky (1998), a su vez, enfatiza el papel de las interacciones sociales y la mediación simbólica en el desarrollo. Para el autor, el aprendizaje precede al desarrollo y ocurre en la Zona de Desarrollo Próximo, donde el niño es capaz de realizar ciertas tareas con el apoyo de un adulto o de compañeros con mayor experiencia. Así, las actividades sensoriales, mediadas pedagógicamente, permiten al niño avanzar en sus capacidades motoras y cognitivas, transformando acciones concretas en representaciones mentales.

La psicomotricidad puede entenderse como la integración de los aspectos motores, cognitivos y afectivos del comportamiento humano. Para Le Boulch (2000), es la base de la educación integral del niño, ya que involucra el cuerpo como medio de expresión, comunicación y aprendizaje. La autora argumenta que la educación psicomotriz debe preceder y acompañar el proceso de lectoescritura, asegurando que el niño tenga suficiente control corporal y coordinación para la escritura. Fonseca (2008) añade que el desarrollo psicomotor se compone de dimensiones como el esquema corporal, la lateralidad, el equilibrio, la coordinación motora gruesa y la coordinación motora fina. Todas estas dimensiones están interconectadas, y la mejora de una de ellas influye positivamente en las demás. La exploración sensorial contribuye a la organización del esquema corporal y al dominio de la motricidad fina, favoreciendo la integración entre la percepción y la acción.

En este contexto, el trabajo psicomotor en Educación Infantil debe incluir propuestas lúdicas que involucren el tacto, el movimiento, el ritmo y el uso creativo de materiales. Las actividades sensoriales desempeñan un papel esencial en este proceso, ya que facilitan experiencias corporales significativas que estimulan la percepción y la coordinación de forma placentaria.

Las actividades sensoriales son prácticas que involucran los cinco sentidos (tacto, vista, oído, olfato y gusto) y que permiten al niño explorar y comprender el mundo que lo rodea a través de las sensaciones. Según Ayres (2005), la integración sensorial consiste en la capacidad del sistema nervioso central para organizar e interpretar la información recibida por los sentidos, con el fin de producir respuestas adaptadas. Cuando un niño manipula objetos de diferentes texturas, temperaturas y tamaños, desarrolla la percepción sensorial del terreno, así como habilidades motoras y cognitivas.

Según Montessori (2005), las experiencias sensoriales permiten a los niños sentar las bases de todo conocimiento abstracto, ya que antes de comprender conceptos, necesitan sentirlos y experimentarlos. Así, actividades como explorar la arena, el agua, la plastilina, los granos y diferentes pantallas fomentan la discriminación sensorial y la coordinación motora fina.

Las actividades sensoriales se pueden clasificar en tres categorías principales: 1) Táctiles y manipulativas que implican el uso directo de las manos y los dedos, como modelar, cortar, recoger y ensamblar piezas; 2) Visuales y auditivas que estimulan la percepción de colores, formas, sonidos y ritmos; 3) Kinestésicas que se relacionan con los movimientos corporales y la consciencia corporal en el espacio.

Planificadas con una intención pedagógica, estas experiencias promueven el desarrollo integral y fortalecen la autonomía de los niños.

El desarrollo de la motricidad fina está directamente relacionado con el aprendizaje de la escritura. Teberosky y Ferreiro (1999) señalan que la adquisición de la escritura depende no solo del conocimiento de las letras, sino también de las habilidades motoras para sostener un lápiz, controlar la presión y coordinar movimientos.

Al proponer actividades sensoriales en Educación Infantil, el docente contribuye a preparar al niño para este proceso, sin anticipar la lectoescritura formal, sino ofreciendo experiencias que fortalecen las bases neuro-psicomotoras necesarias para dominar la escritura.

Según Fonseca (2008), la estimulación sensorial es fundamental para la organización cerebral y el desarrollo de funciones ejecutivas, como la atención, la memoria y la planificación. Así, al jugar con plastilina, texturas o juegos de enclavamiento, el niño desarrolla simultáneamente la coordinación, la concentración y habilidades cognitivas complejas.

Materiales y métodos

Tipo de investigación

Este estudio se caracteriza por ser una investigación cualitativa, de carácter bibliográfico y aplicado. Es cualitativo porque busca comprender los fenómenos educativos en su complejidad y contexto natural, sin reducir la realidad a cifras o variables aisladas (LÜDKE; ANDRÉ, 1986).

Es bibliográfico porque se basa en referencias teóricas clásicas y contemporáneas sobre el desarrollo infantil, la motricidad fina y las actividades sensoriales.

También es aplicado, ya que propone la elaboración y el análisis de una secuencia de actividades sensoriales dirigidas a niños de 3 y 4 años, contextualizadas en el entorno escolar de Educación Infantil.

Contexto y sujetos de la investigación.

La propuesta está diseñada para una clase hipotética de niños de 3 y 4 años de un colegio público municipal de Educación Infantil ubicado en un barrio urbano de clase trabajadora. Este rango de edad corresponde al período en el que los niños están mejorando su coordinación motriz fina y el control de los movimientos voluntarios, siendo por lo tanto el momento ideal para la estimulación sensorial.

La clase está compuesta por aproximadamente 20 niños, con el apoyo de un docente principal y un asistente. El aula es espaciosa, ventilada y está organizada en zonas de actividades, lo que favorece el trabajo con materiales manipulativos y la experimentación sensorial.

Procedimientos metodológicos.

La aplicación de la propuesta pedagógica se basa en tres etapas: planificación, ejecución y observación reflexiva.

Planificación: el docente organiza el espacio y los materiales, seleccionando actividades que involucran diferentes estímulos sensoriales (táctiles, visuales, auditivos y kinestésicos).

Ejecución: las actividades se realizan en grupos pequeños, asegurando que todos los niños puedan manipular, sentir, explorar y crear libremente.

Observación: durante y después de las actividades, el docente registra las reacciones, interacciones, progreso y dificultades observadas para evaluar el progreso individual y colectivo.

El método de análisis es descriptivo e interpretativo, buscando comprender cómo las experiencias sensoriales contribuyen al desarrollo de la motricidad fina y a la formación de actitudes de autonomía, concentración y cooperación.

Instrumentos de Análisis

El análisis de los resultados se basa en la observación participante y en registros descriptivos de las interacciones de los niños durante las actividades. Los indicadores considerados incluyen:

1) Manipulación y control de objetos;

2) Coordinación de movimientos de manos y dedos;

3) Interés y participación en las actividades;

4) Capacidad de concentración y atención en la tarea;

5) Expresión de emociones y lenguaje verbal durante el proceso.

Resultados y discusión

Como forma descriptiva de las actividades sensoriales aplicadas se elaboró un cuadro de planificación de las actividades como estrategias didácticas para la estimulación de la motricidad fina en niños de 3 y 4 años.

Cuadro 1. Actividades y estrategias didácticas aplicables para la estimulación de la motricidad fina en niños de 3 y 4 años

#

Actividad

Objetivo

Materiales

1

Caja táctil: descubrien do texturas

Desarrollar la percepción táctil y la coordinaci ón motora fina.

Objetos variados (granos, algodón, lija, plastilina, tapas, tejidos)

Los niños deben introducir las manos en la caja y describir lo que sienten intentando adivinar los objetos. Después explorar visualment e los materiales.

Al usar el tacto, los niños demostraron gran curiosidad y versatilidad al describir las sensaciones. Además, contribuyó con la coordinación de los dedos principalmen te al manipular objetos pequeños.

2

Pintura com textura

Estimular el tacto y la coordinaci ón ojo- mano

Cartulina.

Pincel.

Esponja.

Los niños deben crear pinturas usando las manos y los instrument os pedidos.

La mezcla de materiales estimula la experiencia sensorial.

Algunos niños prefieren el uso directo de las manos, otros utilizaron el pincel y otros la esponja. Esto reveló estilos

propios y originalidad

De acuerdo con Wallon, la asociación del movimiento corporal y la expresión emocional estimulan el desarrollo afectivo- cognitivo. De esta manera se refuerza el papel de las actividades artísticas en la

formación integral.

A partir del análisis de las actividades se puede afirmar que la estimulación sensorial incidió significativamente en el desarrollo de la motricidad fina. En el periodo de aplicación también se observó que los niños presentaron una mejora en el control de sus movimientos, mayor firmeza al asegurar objetos y una mejor precisión en las tareas que exigían una destreza más fina.

Junto con la mejora en la motricidad observada, se constató mejorías en la concentración, en el vocabulario y en la interacción social. Las experiencias que se adquirieron a partir de las actividades táctiles y visuales ampliaron la curiosidad y el bagaje simbólico en los niños, confirmando, de esta manera, que existe una línea indisociable entre la acción, la emoción y la cognición.

En lo que respecta a las interacciones sociales y el lenguaje tenemos que las actividades sensoriales favorecieron al desarrollo de la comunicación oral: nombrar texturas, colores y sensaciones. Los niños expresaron estás experiencias, constatando que el lenguaje, en efecto, juega un papel fundamental como intermediario en el desarrollo integral. El acto de verbalizar las experiencias contribuye en la internalización de conceptos y abstracciones. De esta manera, la estimulación sensorial se convierte en una vía concreta para la construcción del pensamiento y la comunicación.

El educador es el responsable de planear, organizar y arbitrar las experiencias sensoriales. Su actuación debe ser intencional, observadora y sensible a las respuestas de los niños. Conforme Le Boulch (2000), es necesario que el docente comprenda el movimiento como el lenguaje del niño, su manera de comunicar. Por lo tanto, la planificación de actividades que una diversión, descubrimiento y aprendizaje debe ser indispensable para el educador.

La comprensión del movimiento como lenguaje comunicacional de los niños debe ser entendido por el docente como un camino de planificación que más que proponer tareas, se incentive a la curiosidad, ofreciendo desafíos y garantizando la libertad de experimentación, respetando el ritmo individual de cada niño.

La aplicación de las actividades sensoriales evidenció que las experiencias basadas en la exploración táctil, en la manipulación de materiales diversos y en la expresión creativa contribuyen significativamente al desarrollo de la motricidad fina en niños de 3 y 4 años. De manera general, se observó que las propuestas favorecieron no solo el perfeccionamiento de los movimientos precisos de las manos y de los dedos, sino también aspectos cognitivos, afectivos y sociales, confirmando el carácter integral del desarrollo infantil.

Durante la realización de la actividad de la caja táctil, los niños demostraron un elevado nivel de curiosidad y participación, explorando los objetos a través del tacto y utilizando el lenguaje oral para describir sensaciones e hipótesis. La ausencia del estímulo visual llevó a los niños a concentrarse en las propiedades de los materiales, como la textura, la forma y el tamaño, lo que exigió un mayor control de los movimientos de las manos y de los dedos. Este tipo de experiencia sensorial favorece la organización perceptiva y el refinamiento motor, conforme destaca Palacios (2007), al afirmar que la exploración activa del entorno es fundamental para la construcción del conocimiento en la primera infancia. En este sentido, la actividad posibilitó la articulación entre la percepción sensorial y la acción motora, aspectos indisociables en el desarrollo infantil.

La pintura con texturas amplió las posibilidades de experimentación sensorial al permitir el contacto con materiales de diferentes consistencias, estimulando tanto el sentido del tacto como la coordinación ojo-mano. Se observó que los niños eligieron, de manera espontánea, los instrumentos con los que se sentían más cómodos, revelando preferencias individuales y estilos propios de exploración. Para Malaguzzi (2001), creador del enfoque de Reggio Emilia, el niño posee múltiples formas de expresión, y los lenguajes artísticos posibilitan la manifestación del pensamiento, de la emoción y de la creatividad. De este modo, la pintura sensorial no solo fortaleció la motricidad fina, sino que también favoreció la expresión simbólica y la autonomía de los niños.

En lo que se refiere a la actividad de plastilina artesanal, los resultados demostraron avances significativos en el fortalecimiento de la musculatura de las manos, ya que los movimientos de amasar, enrollar y modelar exigen fuerza, coordinación y precisión. La participación de los niños en la preparación de la plastilina intensificó la implicación y el interés por la actividad, reforzando el carácter activo del aprendizaje. Según Zabalza (2004), las experiencias prácticas y significativas permiten que el niño construya conocimientos a partir de la acción, haciendo que el aprendizaje sea más duradero y funcional. De esta manera, la manipulación de la plastilina contribuyó directamente al desarrollo de las habilidades motoras necesarias para aprendizajes escolares futuros, como la escritura.

La actividad de collages y encajes sensoriales evidenció progresos en el control de los movimientos finos y en la atención de los niños al manipular materiales pequeños. Se observó que la necesidad de aplicar el pegamento con precisión, posicionar los elementos y respetar los espacios del panel estimuló la concentración y la paciencia. Además, la propuesta colectiva favoreció la interacción entre los pares, promoviendo momentos de diálogo, cooperación e intercambio de ideas. De acuerdo con Coll y Solé (2001), el aprendizaje ocurre de manera más significativa cuando es mediado por la interacción social, ya que el contacto con el otro posibilita la construcción compartida del conocimiento.

De manera general, los resultados de las actividades sensoriales indican que la estimulación de la motricidad fina debe realizarse de forma integrada a experiencias significativas, lúdicas y socialmente mediadas. Conforme destacan Bassedas, Huguet y Solé (2009), la educación infantil debe ofrecer situaciones que articulen el desarrollo motor, emocional y cognitivo, respetando el ritmo y las potencialidades de cada niño. Las actividades propuestas demostraron ser estrategias eficaces para promover el desarrollo integral, al combinar la exploración sensorial, el movimiento, el lenguaje y la interacción social.

Así, los datos analizados refuerzan la importancia de la intencionalidad pedagógica en la selección de actividades sensoriales, evidenciando que el trabajo con diferentes materiales y texturas contribuye no solo al perfeccionamiento de la motricidad fina, sino también a la construcción de aprendizajes significativas en la educación infantil.

En definitiva, las observaciones realizadas permiten afirmar que las actividades sensoriales potencializan aprendizajes significativos, según el concepto de Ausubel (2002), para quien el nuevo conocimiento se ancla en estructuras cognitivas previas. La exploración táctil y visual activa los sentidos, despierta el interés y agrega sentido a las experiencias colegiales. Los niños aprenden porque están envueltos emocional y corporalmente en el proceso, y no solo por la repetición mecánica de los gestos.

Conclusiones

El presente trabajo se tuvo como propósito analizar el uso de las actividades sensoriales como estrategia didáctica para la estimulación de la motricidad fina en niños de 3 y 4 años en la Educación Infantil. A partir de la fundamentación teórica y del análisis de prácticas pedagógicas propuestas, fue posible constatar que la estimulación sensorial representa un recurso pedagógico esencial para el desarrollo integral del niño, favoreciendo la mejora de las habilidades motoras, cognitivas y sociales.

Se constató que la motricidad fina, cuando estimulada por medio de actividades lúdicas y diversificadas, contribuye para el fortalecimiento de la musculatura de las manos, el control de los movimientos y precisión de gestos, competencias fundamentales para la futura alfabetización y autonomía en actividades diarias.

La manipulación de diferentes texturas, materiales y formas favorece el compromiso activo de los niños y amplía las experiencias perceptivas y cognitivas, en consonancia con los principios del desarrollo infantil propuestos por Piaget, Vygotsky, Wallon y Montessori.

El Currículo Educativo refuerza la importancia de prácticas pedagógicas que valoricen el cuerpo, el movimiento y el jugar como ejes estructurantes del aprendizaje en la primera infancia. Las actividades sensoriales, en ese contexto, constituyen una vía de mediación entre el jugar y el aprender, uniendo el placer de la descubierta a la construcción del conocimiento.

El análisis de las propuestas aplicadas como la caja táctil, la pintura con texturas, la plastilina y collages sensoriales; demostró que el envolvimiento activo de los niños en esas experiencias estimula no solo la motricidad fina, pero también la imaginación, la socialización y el lenguaje.

El establecimiento de interacciones en el transcurso de las actividades contribuirá para el respeto de las diferencias y el desarrollo de la autonomía en un papel amplio de cooperación, a su vez, destacando la función del educador como intermediario de estas experiencias significativas.

Además, se ha comprobado que la estimulación sensorial favorece el desarrollo de las funciones ejecutivas, como la atención y la memoria, indispensables para aprendizajes futuros. Así, el trabajo con actividades sensoriales va más allá del aspecto motor: promueve un aprendizaje global, integrando cuerpo, mente y emoción.

Por lo tanto, se puede concluir que las actividades sensoriales, cuando planeadas con intencionalidad pedagógica, son estrategias altamente eficaces para el desarrollo de la motricidad fina y para la consolidación de aprendizajes significativos en la Educación Infantil.

Por otro lado, se recomienda que los docentes amplíen el uso de estas prácticas en el aula, creando ambientes ricos en estímulos, materiales accesibles y oportunidades de exploración libre, garantizando al niño el derecho de aprender con el cuerpo, el movimiento y el jugar.

Por fin, se sugiere que nuevas pesquisas sean realizadas, abordando la relación entre las actividades sensoriales y el desarrollo psicomotor, así como estudios comparativos sobre el impacto de estas prácticas en el desempeño de los niños en fases posteriores de la escolarización.

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Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

Declaración de responsabilidad de autoría

Las autoras trabajaron al 50% en la elaboración de los instrumentos de análisis, la elaboración del artículo científico y todas las partes que lo componen.